Desde hace muchos años hemos escuchado que tomar una copa de vino o una caña de cerveza al día es bueno para la salud, pero… ¿qué hay de cierto en todo esto?

Hay una cantidad de estudios que habitualmente se contradicen sobre los beneficios o desventajas de acompañar las comidas con alcohol, pero todos ellos llegan a la misma condición: ninguna bebida es mala para la salud si se consume con moderación.

La elección de beber vino o cerveza durante el almuerzo o la cena debe estar meditada en función de los alimentos que se vayan a ingerir. Por ejemplo, es preferible tomar una copa de vino mientras comemos carnes ricas en grasas, ya que esta bebida se complementa con el otro sabor gracias a sus propiedades astringentes y crea una sensación más gratificante para el paladar.

Por el contrario, la cerveza es una bebida más adecuada a la hora de tomar alimentos picantes. Su mezcla obtiene una jugosa armonía de sabores y aromas que favorece la ingesta y la digestión de los mismos. Además, la gran variedad de cervezas que existe da lugar a que esta bebida sea mucho más fácil de incluir en un menú equilibrado en el que nunca debe faltar el agua.

La cerveza también es una gran aliada para luchar contra las enfermedades cardiovasculares, ya que contiene una alta cantidad de vitamina B6 que se encarga de eliminar la sustancia homociesteína que contribuye a desarrollar este tipo de dolencias

 

Finalmente, un gran número de estudios han asegurado que el consumo moderado de vino tinto es beneficioso para el funcionamiento del cerebro y ayuda a prevenir enfermedades degenerativas, gracias a la presencia de polifenoles que poseen propiedades antioxidantes contra el envejecimiento y la muerte neuronal.

Por lo tanto, es totalmente aconsejable incluir cerveza y vino en un menú saludable siempre que no se abuse de este tipo de bebidas y se realice un consumo responsable.

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